Mejorando la expresión escrita en el francés
Recuerdo que en las clases de francés de mi instituto de idiomas, las aulas eran bastante pintorescas. ParecÃa como si el instituto habÃa decidido instalarnos en
la Francia que existe en las postales antiguas llenas de arte por doquier.
AsÃ, la casona con la que contaba el instituto tenÃa unas aulas muy amplias con techos enormes y un piso de tablones de madera muy gruesos y largos. Las paredes de la casona tenÃan un color rosa pastel o tal vez un melón muy claro, además estas mismas paredes tenÃan unos hermosos maceteros colgados a manera muy decorativa, que hacÃan juego con las pinturas impresionistas (claro que copias de ellas) de Renoir, Degas, Monet, Manet, Matisse, entre otros célebres pintores. Y en realidad, esto era lo que a mà más me atraÃa de la clase en sÃ.
Desde bastante chica me habÃa atraÃdo este movimiento artÃstico que habÃa abarcado durante muchos años la óptica de los siguientes pintores, escultores, etc. de todo el siglo XX. Por tanto, estar en una de las clases del idioma, era observar detenidamente cada cuadro que existÃa en el salón y contemplarlo al detalle.
Mi profesora no era ciega frente a la situación y en verdad yo no era la única que gozaba de caminar por el instituto para examinar con detenimiento las geniales obras de estos pintores. Ya desde mis primeros dÃas en este centro de idiomas, habÃa visto cómo varias personas se sentÃan atraÃdas de alguna manera hacia estos cuadros y cuando esas personas, pasaron a ser mis compañeros de aula, siempre intercambiábamos útil información al respecto.
El detalle era que sólo lo hacÃamos: antes de la clase, en el intermedio o al final de ella y siempre en castellano (es usual que durante las clases del idioma, estas sólo se dieran en francés, era una regla que todos hablásemos en esta lengua). Por tanto, recuerdo haber llegado a mi pintoresco salón un dÃa cualquiera, dispuesta a recibir mis clases del dÃa, y que mi profesora nativa de la lengua (es decir francesa), nos propusiera hacer una composición a raÃz del cuadro que más nos gustaba del instituto.
En realidad, fue una idea que a todos nos sorprendió, porque Anna, como se llamaba ella, era bastante estricta para la enseñanza del francés (si bien una persona risueña, era bastante metódica para la enseñanza del idioma en cuestión). Sin embargo, a todos, creo yo, nos entusiasmo la idea y nos dispusimos a seguirla de la mejor manera.
Al concluir la actividad que duró algo más 30 minutos, todos volvimos al salón (en verdad no éramos mas de 6 personas en esa aula) con nuestros cuadernos algo escritos por tal actividad. Y cuando algunos empezamos a leer nuestras experiencias frente a estos cuadros, era bastante evidente que lo que habÃamos logrado con esta diferente sesión de clases, era expresar nuestras emociones (positivas o negativas) frente a la pintura que habÃamos observado. Varios empezamos a hablar de las emociones que habÃamos experimentado pero la gran diferencia era que ahora lo hacÃamos en francés y no antes o después de la clase de manera informal, sino que era parte del tema de la clase.
Anna, a pesar de sus esquematizadas clases del idioma, habÃa sido capaz de traer un tema poco formal al ambiente de sus clases de francés, algo que le valió mucho para el aprendizaje de sus alumnos y valoramiento de su persona como profesora del curso.

