August 14, 2007

Mejorando la expresión escrita en el francés

Filed under: Aprender francés — caden @ 1:47 pm

Recuerdo que en las clases de francés de mi instituto de idiomas, las aulas eran bastante pintorescas. Parecía como si el instituto había decidido instalarnos en
la Francia que existe en las postales antiguas llenas de arte por doquier.

Así, la casona con la que contaba el instituto tenía unas aulas muy amplias con techos enormes y un piso de tablones de madera muy gruesos y largos. Las paredes de la casona tenían un color rosa pastel o tal vez un melón muy claro, además estas mismas paredes tenían unos hermosos maceteros colgados a manera muy decorativa, que hacían juego con las pinturas impresionistas (claro que copias de ellas) de Renoir, Degas, Monet, Manet, Matisse, entre otros célebres pintores. Y en realidad, esto era lo que a mí más me atraía de la clase en sí.

Desde bastante chica me había atraído este movimiento artístico que había abarcado durante muchos años la óptica de los siguientes pintores, escultores, etc. de todo el siglo XX. Por tanto, estar en una de las clases del idioma, era observar detenidamente cada cuadro que existía en el salón y contemplarlo al detalle.

Mi profesora no era ciega frente a la situación y en verdad yo no era la única que gozaba de caminar por el instituto para examinar con detenimiento las geniales obras de estos pintores. Ya desde mis primeros días en este centro de idiomas, había visto cómo varias personas se sentían atraídas de alguna manera hacia estos cuadros y cuando esas personas, pasaron a ser mis compañeros de aula, siempre intercambiábamos útil información al respecto.

El detalle era que sólo lo hacíamos: antes de la clase, en el intermedio o al final de ella y siempre en castellano (es usual que durante las clases del idioma, estas sólo se dieran en francés, era una regla que todos hablásemos en esta lengua). Por tanto, recuerdo haber llegado a mi pintoresco salón un día cualquiera, dispuesta a recibir mis clases del día, y que mi profesora nativa de la lengua (es decir francesa), nos propusiera hacer una composición a raíz del cuadro que más nos gustaba del instituto.

En realidad, fue una idea que a todos nos sorprendió, porque Anna, como se llamaba ella, era bastante estricta para la enseñanza del francés (si bien una persona risueña, era bastante metódica para la enseñanza del idioma en cuestión). Sin embargo, a todos, creo yo, nos entusiasmo la idea y nos dispusimos a seguirla de la mejor manera.

Al concluir la actividad que duró algo más 30 minutos, todos volvimos al salón (en verdad no éramos mas de 6 personas en esa aula) con nuestros cuadernos algo escritos por tal actividad. Y cuando algunos empezamos a leer nuestras experiencias frente a estos cuadros, era bastante evidente que lo que habíamos logrado con esta diferente sesión de clases, era expresar nuestras emociones (positivas o negativas) frente a la pintura que habíamos observado. Varios empezamos a hablar de las emociones que habíamos experimentado pero la gran diferencia era que ahora lo hacíamos en francés y no antes o después de la clase de manera informal, sino que era parte del tema de la clase.

Anna, a pesar de sus esquematizadas clases del idioma, había sido capaz de traer un tema poco formal al ambiente de sus clases de francés, algo que le valió mucho para el aprendizaje de sus alumnos y valoramiento de su persona como profesora del curso.

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