Cuando Juan se mudó para París nunca pensó que aprender el francés iba a ser algo tan sencillo de lograr. El pensaba que iba a demorar mucho más tiempo llegar a manejarlo con facilidad. Sin embargo, se equivocó. Gracias a las técnicas del campamento en donde lo estudió, su aprendizaje se dio de una forma sencilla y veloz. El, oriundo de Quito, tenía trece años cuando sus padres por motivos de trabajo tuvieron que viajar rumbo a la capital francesa. El trabajo de ellos iba a ser temporal nada más. Esa era la idea al inicio, después, cambió totalmente. Por eso, cuando llegaron buscaron la mejor opción para que Juan aprendiera a manejar el francés. No querían que su hijo sufriera a causa de no poder emplearlo.
A los pocos días de su llegada, mientras Juan disfrutaba de todas las opciones que tiene París, sus papás se lanzaron en la búsqueda de un instituto o de algún centro de idiomas en el que pudiera estudiar la lengua francesa. Después de analizar varias propuestas, se inclinaron por una que les apreció sumamente atractiva. Como ellos habían llegado a principios de junio, todas las escuelas habían concluido sus clases. Todos los niños y adolescentes se encontraban de vacaciones en ese momento. Por eso, tomaron la decisión, que después Juan se las iba a agradecer, de matricularlo en un campamento de verano en donde pudiera aprender el francés. En este no solo iba a aprender este idioma sino que se iba a interrelacionar con otros muchachos de su edad. Este tipo de relaciones le iban a hacer bien ya que desde que habían llegado no se había comunicado con nadie de su edad.
En sí, estos campamentos son ideales para el aprendizaje de cualquier lengua, en este caso del francés, debido a que cuentan con un arma fundamental para su enseñanza. Esta arma es que con el correr de las clases los niños y adolescentes extranjeros que llegan a territorio francés sin manejar su lengua, se interrelacionan de manera directa con infantes y jóvenes franceses. Este vinculo amical e idiomático que se da en esta clase de campamentos es ideal para que los estudiantes puedan desempeñarse de la mejor manera. Esta técnica de estudio permite que los estudiantes pongan en practica todo lo que aprenden en las clases teóricas debido a que cuando charlan con los niños y jóvenes franceses, utilizan todas las herramientas que los profesores les brindan en el salón de clases. Aquí, pulen y mejoran el manejo gramatical de francés, así como su pronunciación.
Ahora, Juan ya va casi cuatro semanas en este campamento, y está totalmente adaptado a este. Tiene muchos amigos de diversas nacionalidades y sobretodo está aprendiendo no solo el francés desde una perspectiva meramente idiomática. Lo está aprendiendo desde un punto de vista intercultural en donde las relaciones de índole cultural también importan. En general, los nexos interpersonales e interculturales están jugando un papel determinante en el aprendizaje de Juan. Por esta razón, es que siempre este les estará agradecidos a sus padres con la decisión de haberlo matriculado en este campamento. Será un recuerdo que nunca olvidará.
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La música siempre jugó un papel fundamental en la vida de Marcelo. Desde pequeño siempre mostró interés por los instrumentos que tocaba su papá y se ponía a jugar con ellos a pesar que no sabía para que funcionaban. Con el correr de los años, ya no jugaba con ellos sino que los aprendió a tocar. La batería, el bajo y la guitarra fueron solamente tres de los instrumentos que aprendió a tocar gracias a su padre. En su juventud formó su banda y ahora ya con treinta años a cuestas sabe que la música cumplirá, en su pequeño hijo, el mismo papel que ejerció en él. Por eso, es que desde pequeño siempre le inculcó todo lo que conocía sobre la música. Desde los instrumentos pasando por las canciones, todo servía como ayuda para el pequeño Renzo. Sin embargo, hubo algo que siempre le interesó a Marcelo además de su amor por la música. Un tema que desde pequeño le llamó la atención por los comentarios y las palabras que oía de su abuelo. Este tema era el de los idiomas. Su abuelo era francés pero sabía hablar también español e italiano. Durante el poco tiempo que lo conoció, aprendió algunas palabras del italiano y del francés, aunque su deseo siempre fue estudiar los dos idiomas. Sin embargo, no lo pudo lograr por falta de tiempo. Ahora, este sueño que siempre tuvo desde niño lo iba a cumplir Renzo. En un principio Marcelo trató de enseñarle a su hijo los dos idiomas de forma autodidacta. No fue una buena idea. El niño aprendió muy poco y no hubo mejoras en la pronunciación de las palabras. Tan solo sabía alguna que otra palabra por el sonido de las canciones que escuchaba o por los instrumentos que veía. Hacía falta algo de experiencia en ese aprendizaje. Alguien que tuviera manejo de lo que enseñara. Marcelo comprendió eso y no quiso perder más tiempo. Busco una serie de opciones y encontró una que se adecuaba a los requerimientos que este buscaba. Halló un instituto que brindaba clases para niños pequeños y cuyo método estaba centrado en el uso de material musical y visual. Sobretodo del primero. Este centro de enseñanza usaba de manera intensiva una serie de canciones en diversos idiomas que permitían que los niños aprendan muchas cosas sobre estos. La técnica era simple. La música se dejaba escuchar y los niños repetían o mejor dicho trataban de repetir lo que escuchaban. Lo tomaban como un juego ya que los sonidos que escuchaban les parecían llamativos. Bajo este sistema, Renzo en poco tiempo conoció una gran cantidad de palabras en francés. Finalmente, fue ese el curso que escogió Marcelo al momento de matricularlo. El italiano lo estudiaría más adelante, cuando ya estuviera en la escuela. Por el momento, quería que su hijo estudiara la lengua que manejaba su abuelo. Los meses pasaron y Marcelo estaba contento del progreso que su hijo había alcanzado desde que lo matriculó en el instituto. Ahora, ya sabía estructurar algunas pequeñas oraciones en francés y podía pronunciar de una manera fluida y correcta todas las palabras que aprendía. La fusión entre lo musical y lo audiovisual ha jugado un rol determinante en el aprendizaje de Renzo. Ambos aspectos han sido los que han permitido que el progreso de este progreso sea visible. No obstante, el progreso no solo se circunscribe a él. El resto de sus compañeros también han alcanzado un gran nivel. Esto debido a que la repetición continua de las canciones ha hecho que los niños aprendan y se relajen mientras lo hagan. Marcelo sabe que su hijo tal vez siga los pasos de él. Ahora, ya no solo juega con los instrumentos sino que los toca. Sabe como se llama cada uno de ellos y trata de imitar las palabras y las melodías que escucha a diario en su clase de francés. Por todo esto y por lo que aún falta por venir es que Marcelo sabe que sueño está comenzado a hacerse realidad. Renzo seguirá sus pasos y manejará las lenguas que él no pudo aprender.
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Hay lugares en el mundo que a veces a uno le pueden llegar a fascinar de tal manera que provoca dejarlo todo y quedarse a radicar allí. El futuro es lo que importa y el pasado queda de lado ante las maravillas que a veces ciertas ciudades les ofrecen a muchas personas cuando las visitan. Ciudades que provocan esta sensación son Roma, Los Angeles, Madrid, Sydney, Londres, Buenos Aires, Miami, Tokio, Berlín, París, Lisboa, Barcelona, Atenas, Shangai, Milán, Ámsterdam. Esas son solo algunas de las que cualquiera podría quedar encantando ante todo lo que tienen por mostrar. Pero hubo una que le fascinó de sobremanera a Ignacio. Y no está dentro de la pequeña lista de ciudades que están escritas líneas atrás. Nacho llegó allí ya hace más de un año con su esposa y su pequeño hijo de dos años. Los motivos de su arribo fueron meramente laborales y el tiempo que tenía previsto permanecer en esta ciudad estaba definido por un contrato de corta duración. A lo sumo no excedería los seis meses. Sin embargo, nada le hacía presagiar que Marsella hubiera provocado en él y en su esposa una sensación única de cariño que ninguna otra ciudad les había podido dar. Por su trabajo, Ignacio ya había viajado por otras ciudades tales como Londres, Milán y Ámsterdam. Pero ninguna de esas ciudades logró cautivar el corazón de ambos. Tan solo lo hizo esta ciudad ubicada junto al Mar Mediterráneo. El comienzo no fue muy fácil para los dos. Ignacio sabía lo suficiente del francés para poder desenvolverse de manera correcta en el trabajo de ingeniero que había conseguido. No obstante, su mujer no sabía absolutamente nada acerca de la lengua francesa. Ambos eran españoles y a pesar de la cercanía de los países no sabían todo lo que el francés podía ofrecerles ahora más que nunca tras su llegada a territorio marsellés. Ambos eran conscientes de la situación en la que se encontraban y por eso decidieron en conjunto aprender a manejar de manera adecuada el francés. A las pocas semanas de haberse instalado, salieron en busca de algún instituto de idiomas en donde pudieran aprender el francés de manera integral. Después de analizar varios propuestas, se decidieron por la oferta de uno que les ofrecía una serie de variantes que se adecuaban a sus necesidades de tiempo y de aprendizaje. La primera en comenzar fue la esposa de Ignacio. El aún no tenía tiempo ya que recién estaba integrándose a su nuevo trabajo. Por eso, pospuso el estudio del francés por un tiempo. La que si comenzó sus clases fue Mariana, su esposa. Ella si se matriculó el mismo día que ambos fueron a averiguar las opciones que tenían para estudiar el francés. El instituto que escogió ella le dio todas las facilidades del caso. Horarios flexibles para que pudiera estudiar en las noches cuando Ignacio llegaba y podía cuidar a su pequeño hijo. El ambiente que ella percibía en el instituto era de los mejores. Conoció personas de otros países y sobretodo amigos franceses que le ayudaron a mejorar en gran medida su pronunciación. Ese era el punto débil que tenía respecto a su aprendizaje. En todo lo demás no tenía ningún problema. El tiempo transcurrió y así pasaron algunos meses hasta que Ignacio a pesar del poco tiempo que tenía libre pudo matricularse para estudiar francés. Por eso, se matriculó en un curso de francés general cuyo nivel se encontraba dentro de la categoría regular o normal. No tenía el tiempo necesario para poder estudiarlo de manera intensiva. Felizmente para él, este sistema le sirvió de mucho ya que las clases se avanzaban de una manera más calmada que le permitían recordar y actualizar todos los conocimientos del francés que ya conocía. Con la ayuda de material audiovisual mejoró de manera ostensible su pronunciación y en el aspecto escrito no tuvo mayores problemas ya que ese era su fuerte. Las semanas iban pasando y ambos seguían con el ritmo de sus clases y poco a poco lograban que la barrera de índole comunicacional que un momento podía existir desapareciera paulatinamente con los temas aprendidos en sus respectivas clases. Según lo que me cuentan ambos, los trabajos en grupo y la interacción entre todos los compañeros para ciertas actividades han logrado que puedan manejar el francés de manera básica con suma facilidad. Este hecho ha propiciado que tomaran la decisión de quedarse a vivir en Marsella ya que quedaron fascinados ante todo lo que tenía la ciudad más antigua de Europa. Las visitas y excursiones que se realizaban, les dio el impulso necesario para tomar la decisión de quedarse a vivir en esa ciudad. Llegaron para quedarse unos meses y parece ser que terminarán viviendo por muchos años más en esta ciudad francesa. Quien sabe si es que se quedan para toda la vida.
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Hay lugares en el mundo que a veces a uno le pueden llegar a fascinar de tal manera que provoca dejarlo todo y quedarse a radicar allí. El futuro es lo que importa y el pasado queda de lado ante las maravillas que a veces ciertas ciudades les ofrecen a muchas personas cuando las visitan. Ciudades que provocan esta sensación son Roma, Los Angeles, Madrid, Sydney, Londres, Buenos Aires, Miami, Tokio, Berlín, París, Lisboa, Barcelona, Atenas, Shangai, Milán, Ámsterdam. Esas son solo algunas de las que cualquiera podría quedar encantando ante todo lo que tienen por mostrar. Pero hubo una que le fascinó de sobremanera a Ignacio. Y no está dentro de la pequeña lista de ciudades que están escritas líneas atrás. Nacho llegó allí ya hace más de un año con su esposa y su pequeño hijo de dos años. Los motivos de su arribo fueron meramente laborales y el tiempo que tenía previsto permanecer en esta ciudad estaba definido por un contrato de corta duración. A lo sumo no excedería los seis meses. Sin embargo, nada le hacía presagiar que Marsella hubiera provocado en él y en su esposa una sensación única de cariño que ninguna otra ciudad les había podido dar. Por su trabajo, Ignacio ya había viajado por otras ciudades tales como Londres, Milán y Ámsterdam. Pero ninguna de esas ciudades logró cautivar el corazón de ambos. Tan solo lo hizo esta ciudad ubicada junto al Mar Mediterráneo. El comienzo no fue muy fácil para los dos. Ignacio sabía lo suficiente del francés para poder desenvolverse de manera correcta en el trabajo de ingeniero que había conseguido. No obstante, su mujer no sabía absolutamente nada acerca de la lengua francesa. Ambos eran españoles y a pesar de la cercanía de los países no sabían todo lo que el francés podía ofrecerles ahora más que nunca tras su llegada a territorio marsellés. Ambos eran conscientes de la situación en la que se encontraban y por eso decidieron en conjunto aprender a manejar de manera adecuada el francés. A las pocas semanas de haberse instalado, salieron en busca de algún instituto de idiomas en donde pudieran aprender el francés de manera integral. Después de analizar varios propuestas, se decidieron por la oferta de uno que les ofrecía una serie de variantes que se adecuaban a sus necesidades de tiempo y de aprendizaje. La primera en comenzar fue la esposa de Ignacio. El aún no tenía tiempo ya que recién estaba integrándose a su nuevo trabajo. Por eso, pospuso el estudio del francés por un tiempo. La que si comenzó sus clases fue Mariana, su esposa. Ella si se matriculó el mismo día que ambos fueron a averiguar las opciones que tenían para estudiar el francés. El instituto que escogió ella le dio todas las facilidades del caso. Horarios flexibles para que pudiera estudiar en las noches cuando Ignacio llegaba y podía cuidar a su pequeño hijo. El ambiente que ella percibía en el instituto era de los mejores. Conoció personas de otros países y sobretodo amigos franceses que le ayudaron a mejorar en gran medida su pronunciación. Ese era el punto débil que tenía respecto a su aprendizaje. En todo lo demás no tenía ningún problema. El tiempo transcurrió y así pasaron algunos meses hasta que Ignacio a pesar del poco tiempo que tenía libre pudo matricularse para estudiar francés. Por eso, se matriculó en un curso de francés general cuyo nivel se encontraba dentro de la categoría regular o normal. No tenía el tiempo necesario para poder estudiarlo de manera intensiva. Felizmente para él, este sistema le sirvió de mucho ya que las clases se avanzaban de una manera más calmada que le permitían recordar y actualizar todos los conocimientos del francés que ya conocía. Con la ayuda de material audiovisual mejoró de manera ostensible su pronunciación y en el aspecto escrito no tuvo mayores problemas ya que ese era su fuerte. Las semanas iban pasando y ambos seguían con el ritmo de sus clases y poco a poco lograban que la barrera de índole comunicacional que un momento podía existir desapareciera paulatinamente con los temas aprendidos en sus respectivas clases. Según lo que me cuentan ambos, los trabajos en grupo y la interacción entre todos los compañeros para ciertas actividades han logrado que puedan manejar el francés de manera básica con suma facilidad. Este hecho ha propiciado que tomaran la decisión de quedarse a vivir en Marsella ya que quedaron fascinados ante todo lo que tenía la ciudad más antigua de Europa. Las visitas y excursiones que se realizaban, les dio el impulso necesario para tomar la decisión de quedarse a vivir en esa ciudad. Llegaron para quedarse unos meses y parece ser que terminarán viviendo por muchos años más en esta ciudad francesa. Quien sabe si es que se quedan para toda la vida.
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El aprendizaje de idiomas puede resultar hoy en día muy provechoso y divertido. Ya en el pasado han quedado los métodos rutinarios en los que el aprendizaje de una lengua se hacía por una obligación y no por vocación. Para que esto se llegue a dar se han debido dar muchas situaciones que hayan fomentado que el entretenimiento haya entrado también como parte importante para la enseñanza de alguna lengua extranjera. Una muestra de todo lo dicho anteriormente es lo que tiene que ver con el aprendizaje de idiomas para los niños. Esta técnica ha tenido en estos últimos años una gran cantidad de demanda puesto que en el mundo tan globalizado en el que vivimos se ha vuelto un arma fundamental para el desarrollo y desenvolvimiento de los más pequeños de la casa. Lo ideal en este caso es que los infantes puedan verse en contacto con el idioma deseado desde temprana edad ya que sus facultades mentales lo permiten así. Este es el ejemplo de lo que suceda en España y sobretodo en Francia. En ambos países se está dando mucho énfasis en la enseñanza de otras lenguas que no sea la materna. Es por este motivo que muchos niños están logrando mejorar cada vez más el manejo y fluidez de otras lenguas tales como el español, el inglés, el francés y el italiano. Se puede llegar a decir actualmente que el trabajo que se realiza en estos dos países por parte de diversas instituciones que se especializan este tema, es muy bueno. Generan que los niños deseen aprender más sobre su idioma materno y sobre la lengua extranjera que se desee aprender. Es decir, no solo se aprenden los temas de estructura gramatical sino que también se aprende todo lo que concierne a la cultura y a la sociedad del idioma que se quiere aprender. Con estas técnicas, se puede observar como los estudiantes poco a poco van demostrando una mejora sustancial en su nivel. Los progresos que se obtienen permiten tanto a los docentes como a los alumnos lograr una excelente conexión tanto en el aspecto académico como en el personal. De otro lado, se puede decir que los procesos de aprendizaje se dan tanto en nivel básico, intermedio y avanzado. Estos niveles son los que sugieren el progreso del alumno conforme vayan pasando los temas y las clases impartidas. En el primer caso, o sea con los alumnos que se encuentran en un nivel principiante o básico, se vigila de manera sistemática y continua la evolución de los alumnos en todo lo que concierne a la pronunciación correcta del idioma que se quiera aprender. Aquí, el estudiante podrá elaborar de manera progresiva frases pequeñas basándose en la ayuda de material audiovisual. Asimismo, en el nivel intermedio se profundiza todo lo que tiene que ver con el aspecto de índole gramatical y se reafirma de manera constante el tema de la pronunciación. Un arma que les es de gran ayuda a los alumnos es que en este nivel se leen y comentan textos que tienen vigencia actual. Este hecho hace que la clase sea interactiva y que los alumnos puedan desenvolverse de la mejor manera, aumentado de manera considerable su confianza y por ende aumentado cada vez más su motivación para aprender una lengua extranjera. Este hecho hace que muchos programas que se desarrollan en Francia tengan tanto éxito al momento de enseñar algún idioma extranjero. Por último, tenemos a los estudiantes que ya están en el nivel avanzado. Aquí, las necesidades son distintas y más complejas. Por eso, es que aquí el aprendizaje se da de acuerdo a cada persona en particular. Es decir, de acuerdo a las necesidades que tengan los alumnos en relación a sus carreras profesionales. Finalmente, como corolario a todo lo anteriormente dicho se puede llegar a decir que estudiar algún idioma en Francia puede resultar muy provechoso debido a que las vivencias que se suscitan en esta nación hacen que desaparezcan las barreras y se abran todas las posibilidades en materia cultural.
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Si uno quiere aprender idiomas hay muchas formas y lugares para lograrlo. Depende del idioma en particular que queramos estudiar. Lo importante es tener las cualidades necesarias para lograrlo. Cualidades tales como la constancia y la disciplina. Estas agregadas a la motivación harán que el estudio de cualquier idioma sea más que beneficioso. No obstante, un aporte fundamental al momento del estudio de algún idioma es el apoyo que se puede llegar a alcanzar si es que se estudia el idioma que queremos aprender en el país donde se utiliza esa lengua como forma natural de expresión. Este caso particular lo podemos ver en el idioma francés y su aprendizaje en la misma Francia. Esta lengua la podemos aprender a manejar de forma clara y fluida gracias a los institutos que dictan las clases a lo largo del territorio francés. Entre las ciudades de mayor renombre para aprender a hablar el francés encontramos a la capital París, a Niza y a Burdeos. En sí, muchos de estos institutos priman la fusión del aprendizaje con la interacción real. Esto se puede ver al momento de la mezcla del francés con algún tipo de deporte. Esta combinación hace que el alumno pueda desenvolverse de mejor manera ante los desafíos que se le puedan presentar en un salón de clases al momento de aprender el francés. Con esta técnica el estudiante se libera de las tensiones, crece su confianza y se interrelaciona cada vez más con sus compañeros. Asimismo, también hay cursos de carácter general que se orientan para los estudiantes que tengan dieciséis años a más. El programa preestablecido consta de veinte horas aproximadamente, siendo el objetivo de esta clase afianzar y mejorar el nivel de los alumnos en materia escrita y oral. Si se desea llevar este curso se tiene que pasar por tres niveles. Es decir, por el nivel principiante o básico, el de conocimiento intermedio y el de conocimiento avanzado. Cabe mencionar que también se dictan cursos de índole intensivo. En este caso, la edad es la misma que los cursos generales, aunque el tiempo de enseñanza aumenta aproximadamente diez horas. Aquí, se estudian treinta horas por semana. Lo que se pretende en este clase de cursos es maximizar el tiempo que posee el estudiante y lograr los mismos objetivos que se persiguen en los cursos generales. De otro lado, otra opción que hay es la de seguir el curso de negocios. En esta opción fusiona la enseñanza del francés con temas de carácter empresarial. En su estructura interna podemos encontrar practicas del francés sobre negociaciones con clientes o presentaciones de trabajo. También, encontramos los cursos que se orientan para los alumnos que ya manejan de manera regular el francés. Mientras conocen cada vez más del francés combinan este aprendizaje con la enseñanza de conocimientos de otros temas tales como el turismo, la medicina o la literatura. Un curso que también es importante es el que se dicta a las personas de edad adulta que sobrepasen los cuarenta años. Aquí, el curso es de carácter general y las clases que se imparten no son en salones de clases sino en interacciones reales con la sociedad francesa. Es decir, en lugares públicos y que se puedan visitar de manera cotidiana. Este curso cuenta con excursiones de todo tipo, así como con visitas que se relacionen con todo lo concerniente a lo cultural. Finalmente, se puede hacer mención a dos tipos de clases más. Una de ellas es la de carácter combinado y la otra es la opción en la que el estudiante recibe las clases de manera particular por le profesor. En el primer caso, la enseñanza es más acelerada y el número de alumnos no puede exceder a los quince. Los conocimientos que se aprenden aquí se combinan para reforzar de manera integral lo ya conocido por el estudiante. En el segundo y último caso, el alumno se aloja en el domicilio del docente y toma las clases allí. Las clases que se imparten bajo esta modalidad son ideales para personas de toda edad. Asimismo, no hay impedimento con el factor tiempo ya que se puede llevar en cualquier momento.
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